El doblete sísmico ocurrido en Venezuela y el temblor de magnitud 7.4 registrado en Colombia recuerdan que, aunque los terremotos no pueden predecirse, sus efectos pueden reducirse con construcciones seguras, monitoreo, protección civil y una población preparada, advirtió Carlos Valdés González, del Instituto de Geofísica (IGf) de la UNAM.
Los recientes terremotos registrados en Venezuela (7.2 y 7.5) y Colombia (7.4) muestran que los sismos pueden tener características muy diferentes, aun cuando se den en una misma región del continente, explicó el investigador del Departamento de Sismología del IGf, quien aseguró que, para México ambos acontecimientos representan un recordatorio de que no es posible predecir cuándo ocurrirá un terremoto, pero sí prepararse para reducir sus consecuencias.
El especialista dijo que el sismo ocurrido en Colombia el 10 de agosto pasado se relaciona con la dinámica de las placas tectónicas que convergen en la región: la de Nazca, ubicada hacia el Pacífico, y la Sudamericana, sobre la que se encuentra Colombia. Mientras que los terremotos registrados en Venezuela estuvieron relacionados con la interacción de la Sudamericana y la del Caribe.
“Este sismo de Colombia ocurre en el contacto entre las placas, pero por debajo del continente y a una profundidad de 103 kilómetros”.
La profundidad, justamente, es uno de los elementos que determina la manera en que un terremoto se siente en superficie. Valdés González señaló que los sismos profundos como el colombiano pueden percibirse en una zona más amplia, pero generalmente tienen una duración menor y producen menos réplicas.
En contraste, los movimientos registrados el 24 de junio en Venezuela tuvieron profundidades cercanas a los 10 kilómetros, por lo que generaron ondas superficiales y movimientos intensos en las zonas afectadas.
La cercanía geográfica entre Venezuela y Colombia podría llevar a pensar que los terremotos forman parte de una misma secuencia, pero el universitario descartó esa posibilidad. Sostuvo que, aunque ambos países se encuentran en una región tectónicamente activa, los movimientos corresponden a diferentes procesos y no hay un vínculo directo entre los eventos.
“A pesar de que la lógica nos dice que debe de haber una relación entre los sismos de Venezuela y el que acaba de ocurrir en Colombia, por la cercanía, la respuesta es no. Son independientes”.
El especialista indicó que el sismo colombiano presenta mayor similitud con el ocurrido en México el 19 de septiembre de 2017 de magnitud cercana a 7 y con una profundidad aproximada de 60 kilómetros.
Doblete
Al hablar específicamente del doblete venezolano, Valdés González aclaró que si bien este caso acaparó la atención internacional, dicho fenómeno no es exclusivo de la nación sudamericana. México ha experimentado eventos similares, como el ocurrido en Ometepec, Guerrero, en 1982. “Toda la costa del Pacífico está sujeta a ese tipo de comportamiento”, consideró.
El de Venezuela, agregó, fue un caso realmente desafortunado, porque los dos sismos literalmente se empataron y la vibración sísmica duró bastante tiempo, generando los daños tan severos que se observaron. Al ocurrir con apenas segundos de diferencia, ambos movimientos prolongaron la oscilación del terreno y sometieron a los edificios a un esfuerzo extraordinario.
“Es un llamado de atención para considerar que las estructuras deben tener capacidad de resistencia inclusive para sismos mayores”.
La brecha de Guerrero
Más allá del doblete venezolano y el terremoto en Colombia, el investigador insistió en que una preocupación para México continúa siendo la denominada brecha sísmica de Guerrero, una región en la que desde hace más de un siglo no se registra un gran terremoto.
“En esta zona, desde 1911, no han ocurrido sismos con magnitudes cercanas o superiores a 7.5. Estamos hablando de 115 años en que no ha ocurrido un temblor importante”.
Ante este escenario de riesgo, México cuenta con el Sistema de Alerta Sísmica Mexicano, que puede ofrecer segundos de anticipación ante determinados terremotos. Sin embargo, reiteró que la ciencia todavía no puede responder la pregunta más frecuente: cuándo ocurrirán.
Construcciones, la verdadera lección
Para el científico, la principal enseñanza que dejan Venezuela y Colombia no está únicamente en la ocurrencia del doblete y el sismo profundo, sino en el comportamiento de las edificaciones.
En ese sentido, aplaudió la gran cantidad de imágenes captadas por teléfonos celulares y cámaras de seguridad, las cuales se han convertido en una fuente invaluable de información para los especialistas, ya que permiten realizar una especie de análisis forense de las estructuras dañadas.
“Podemos ver las columnas rotas, la cantidad de acero, el grosor de las varillas, cómo estaban colocados los estribos, entre otras cuestiones, y determinar si esa estructura fue construida conforme a la regulación establecida”.
No obstante, destacó que disponer de una buena normatividad no es suficiente. “No sólo es necesario que los reglamentos constructivos sean estrictos y buenos, sino que los cumplamos para que funcionen de manera adecuada”.
En nuestro país, aseguró, el reglamento de construcción para la Ciudad de México cambió radicalmente después del terremoto de 1985, y no puede ser retroactivo, lo que significa que miles de edificios construidos antes de 1986 requieren evaluaciones periódicas.
“Las edificaciones se van lastimando. El paso del tiempo, el intemperismo, el tráfico, el viento y la ocurrencia de otros sismos deterioran los materiales”.
Respecto a los reforzamientos estructurales efectuados en diversos inmuebles de la capital del país, el especialista sostuvo que éstos no convierten una construcción en una obra nueva. “No dejan como nuevo el edificio; lo que pretenden es darle la capacidad estructural para resistir un sismo importante”.
Enjambres sísmicos
En otro orden de ideas, un fenómeno que ha despertado inquietud entre los habitantes de Ciudad de México y el Estado de México en los últimos años son los llamados enjambres sísmicos.
Valdés González precisó que reciben ese nombre porque no hay un gran terremoto principal, sino una sucesión de pequeños movimientos que “como llegan se van”. Incluso bromeó con una frase que resume la percepción ciudadana: “Son microsismos, pero provocan macrosustos”.
Aunque reconoce que actualmente esa actividad ha disminuido en la zona de Mixcoac y Plateros, donde se daba con mayor frecuencia, consideró muy probable que vuelva a presentarse en el futuro, ya que estos fenómenos forman parte del comportamiento natural del subsuelo.
Simulacro del 19 de septiembre
A pocas semanas de que se realice el Simulacro Nacional del 19 de septiembre, el experto consideró que la nación ha fortalecido de manera notable sus capacidades de monitoreo y respuesta desde los terremotos de 1985.
Subrayó que se ha avanzado muy bien desde la ocurrencia del sismo de 1985. Actualmente, el Servicio Sismológico Nacional cuenta con una red mucho más amplia de estaciones de monitoreo y México dispone de uno de los pocos sistemas públicos de alerta sísmica en el mundo.
En ese contexto, expresó que el simulacro del próximo 19 de septiembre representa una oportunidad para fortalecer la cultura de la prevención.
“Debemos entender cuál es la hipótesis del sismo, porque detrás de ella hay un propósito”, mencionó al referirse al ejercicio nacional que este año simulará un terremoto con epicentro en la región de Tehuacán, Puebla.
La preparación comienza en casa
Para Valdés González aún hay margen de mejora. Más allá de participar en los simulacros organizados por las autoridades, recomendó que cada familia establezca su propio plan de actuación, identifique zonas seguras dentro de la vivienda, conozca las rutas de evacuación y cuente con una mochila de emergencia que incluya agua, alimentos, documentos importantes, medicamentos, linterna, radio, silbato y provisiones para niños y mascotas. También aconseja revisar periódicamente grietas y fisuras en los inmuebles para detectar posibles cambios después de un sismo.
El universitario subrayó que, aunque los terremotos seguirán formando parte de la realidad geológica del país, la diferencia entre una tragedia y un evento manejable dependerá, en buena medida, del nivel de preparación de la sociedad.
“Vivimos en una nación sísmicamente activa. Mientras mejor estemos preparados, nos irá menos mal”, finalizó.
Con información de la UNAM
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