La participación de las mujeres en la producción de alimentos es un factor estratégico para fortalecer la economía rural y construir sistemas agroalimentarios más resilientes.
En ese escenario, Corporativo Kosmos reconoce la importancia de generar condiciones que permitan a las agricultoras ampliar sus oportunidades económicas y participar en mejores condiciones dentro de las cadenas de suministro.
En México, alrededor de un millón de mujeres trabajan en el sector primario y 84.6% de ellas se dedica a actividades agrícolas, de acuerdo con información de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER).
No obstante, su presencia en el campo no se traduce necesariamente en igualdad de oportunidades, debido a las barreras que persisten en el acceso a la tierra, el financiamiento, la tecnología y los espacios de toma de decisiones.
Dichas desigualdades representan un desafío que trasciende el ámbito social; la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advierte que reducir las brechas de género en los sistemas agroalimentarios puede elevar la productividad, incrementar los ingresos, fortalecer la resiliencia climática y contribuir a disminuir la inseguridad alimentaria.
Una cadena de suministro con mayores oportunidades
La responsabilidad de atender estas diferencias no recae exclusivamente en las instituciones públicas.
Las empresas que participan en el abastecimiento y la distribución de alimentos también pueden contribuir mediante sus decisiones comerciales, sus relaciones con proveedores y los mecanismos que favorecen el desarrollo de los mercados locales.
Desde esa perspectiva, Corporativo Kosmos considera que fortalecer los vínculos con productores nacionales constituye una vía para contribuir al desarrollo del sector agrícola.
Un ejemplo es La Cosmopolitana, empresa del conglomerado que adquiere más de 90% de su materia prima de productores mexicanos, una práctica que favorece la actividad económica nacional y abre oportunidades para quienes forman parte de esta cadena productiva.
Sin embargo, ampliar la participación de las mujeres rurales exige ir más allá de la comercialización de sus productos.
También implica avanzar hacia condiciones que faciliten su acceso a recursos productivos, capacitación, innovación tecnológica y mecanismos para intervenir en las decisiones que afectan sus actividades.
2026, un año para visibilizar el trabajo de las agricultoras
El tema cobra especial relevancia durante 2026, declarado por las Naciones Unidas como Año Internacional de la Agricultora.
La iniciativa busca dar mayor visibilidad a la contribución de las mujeres a la agricultura y a los obstáculos que limitan su desarrollo.
A su vez, el Día Internacional de las Mujeres Rurales, conmemorado cada 15 de octubre, permite recordar que el reconocimiento de su trabajo debe acompañarse de acciones permanentes para mejorar sus condiciones económicas y sociales.
Para Corporativo Kosmos, avanzar hacia sistemas alimentarios inclusivos requiere una visión de corresponsabilidad entre empresas, gobiernos y sociedad.
El desafío consiste en generar oportunidades para que las mujeres rurales no solo participen en la producción, sino que también accedan a mercados más favorables, fortalezcan su autonomía y tengan mayor capacidad de decisión.
La construcción de cadenas de suministro sostenibles depende, en ese sentido, tanto de la eficiencia productiva como de las condiciones de quienes las hacen posibles.
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