Durante décadas, las ciudades que buscaban atraer inversiones concentraron sus esfuerzos en ofrecer terrenos industriales, incentivos fiscales, conectividad logística y condiciones favorables para las empresas. Estos elementos continúan siendo importantes, pero ya no son suficientes por sí solos. En una economía donde el conocimiento y la especialización tienen un peso cada vez mayor, las compañías también necesitan encontrar lugares capaces de atraer y conservar a las personas que harán posible su crecimiento.
Esta transformación está modificando la manera en que se entiende la competitividad urbana. Una ciudad puede contar con infraestructura industrial de primer nivel y, aun así, enfrentar dificultades para atraer profesionales si sus habitantes tienen que soportar largos desplazamientos, dificultades para acceder a vivienda, servicios públicos deficientes o pocas alternativas para desarrollar una vida fuera del trabajo.
Para Daniel Esquenazi Beraha, empresario mexicano, la calidad de vida se ha convertido en un elemento cada vez más relevante dentro de las decisiones relacionadas con el desarrollo económico. Desde esta perspectiva, las ciudades compiten no solamente por inversiones, sino también por personas.
La calidad de vida también forma parte de la oferta económica
Las empresas que analizan dónde instalar una nueva operación deben considerar cada vez más factores relacionados con el entorno urbano. La movilidad, la vivienda, la seguridad, la conectividad digital, la educación y los servicios de salud pueden influir directamente en la facilidad con la que una organización consigue contratar determinados perfiles profesionales.
Daniel Esquenazi Beraha explica que esta relación entre ciudad y talento es especialmente importante para actividades que dependen de trabajadores altamente especializados. Un ingeniero, un investigador, un desarrollador de tecnología o un ejecutivo puede tener múltiples opciones para elegir dónde vivir y trabajar, por lo que el salario deja de ser el único elemento que interviene en la decisión.
“Las empresas entienden que su crecimiento depende de las personas. Por eso buscan ciudades capaces de ofrecer bienestar, servicios eficientes y oportunidades de desarrollo para quienes vivirán y trabajarán ahí”, comenta Daniel Esquenazi Beraha.
La vivienda representa un ejemplo particularmente claro. Cuando los precios aumentan de manera desproporcionada respecto a los ingresos o cuando los hogares deben ubicarse demasiado lejos de los centros de empleo, el costo real de trabajar en una ciudad aumenta. A ello se suman los tiempos de traslado, que pueden afectar tanto la productividad como el bienestar de los trabajadores.
Una ciudad atractiva necesita más que infraestructura empresarial
La competencia por talento también está llevando a las ciudades a prestar mayor atención a elementos que tradicionalmente se consideraban secundarios dentro de las estrategias económicas. Espacios públicos, parques, oferta cultural, actividades deportivas, conectividad y opciones de entretenimiento forman parte del entorno que determina si una persona considera atractiva una ciudad para establecerse.
Para Daniel Esquenazi Beraha, esta visión implica integrar la planeación urbana con las políticas de desarrollo económico. No se trata únicamente de construir parques industriales o ampliar las vialidades que conducen hacia ellos, sino de crear comunidades donde las personas puedan vivir, trabajar y desarrollar sus actividades cotidianas sin enfrentar desplazamientos excesivos.
Esto también plantea la necesidad de acercar la vivienda a los centros de empleo, fortalecer el transporte público y generar espacios urbanos que favorezcan la convivencia. La infraestructura digital adquiere igualmente relevancia, especialmente para ciudades que buscan atraer actividades relacionadas con tecnología, innovación y servicios especializados.
La perspectiva de Daniel Esquenazi Beraha apunta hacia una idea cada vez más presente en la planeación urbana: la competitividad no debe medirse únicamente por la cantidad de empresas que una ciudad consigue atraer, sino también por su capacidad para ofrecer las condiciones que permitan a esas empresas encontrar y conservar talento.
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