La transformación del entorno urbano ya no es una opción, sino una necesidad urgente. En ese contexto, el arquitecto mexicano Ernesto Mizrahi impulsa un nuevo modelo: la arquitectura vegetal o vegetariana, una estrategia que propone reemplazar los materiales tradicionales por recursos naturales renovables.
Su propuesta es clara: construir con elementos vivos, flexibles y de bajo impacto ambiental como el cáñamo, el bambú o el corcho. Mizrahi sostiene que, así como en la alimentación se ha comprendido el daño de una “dieta pesada”, en la arquitectura también es posible hacer una transición hacia opciones más saludables para el planeta.
De materiales tóxicos a soluciones biodegradables
Entre los recursos que Ernesto Mizrahi promueve, el bambú se destaca por su versatilidad: crece rápido, es altamente resistente y tiene una relación peso-fuerza superior a muchos metales. Mientras tanto, el corcho ofrece aislamiento térmico natural y puede actuar como un regulador climático en zonas urbanas densas.
El cáñamo, más allá de su reputación histórica, emerge como una solución clave: absorbe grandes cantidades de carbono y permite crear bloques respirables, ideales para climas extremos. “No se trata solo de construir menos mal, se trata de construir bien desde el principio”, enfatiza Mizrahi.
La biodiversidad mexicana como aliada
México se presenta como un laboratorio ideal para esta arquitectura vegetal. Según Ernesto Mizrahi, la caña mediterránea crece de manera silvestre en diversas regiones y podría sustituir el uso de acero en ciertas estructuras. Esto no solo reduciría costos y emisiones, sino que revaloriza recursos locales actualmente subutilizados.
Asimismo, propone desarrollar cadenas productivas de corcho nacional, que reducirían la dependencia de importaciones y reactivarían zonas rurales a través de la agroforestería. Este modelo de producción circular favorece tanto al medio ambiente como a las comunidades.
El futuro según Ernesto Mizrahi: construir para regenerar
Las ciudades del futuro —sostiene Mizrahi— no solo deben ser más limpias, sino capaces de regenerar los ecosistemas que las rodean. Con su enfoque, propone pasar de una arquitectura neutral a una arquitectura con huella de carbono negativa. Es decir, estructuras que capturan y almacenan CO₂ desde su construcción.
“El planeta no necesita más edificios que contaminen; necesita edificaciones que limpien el aire, capten agua y regeneren suelos”, sostiene. Esta filosofía no es utopía, es tecnología, innovación y compromiso.
En palabras de Ernesto Mizrahi, es momento de que las calles y edificios se conviertan en instrumentos de sanación urbana. Con la arquitectura vegetal, el diseño deja de ser solo funcional o estético para convertirse en un acto de responsabilidad ambiental y social.
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