El especialista en construcción y vivienda, José Reynoso González, alertó que la población mexicana enfrenta un reto que sigue ascenso mes con mes: el precio de las casas en el país. Aunque la inflación general se ubicó en 3.61 por ciento, el costo de terrenos, casas o departamentos crece más rápido que los ingresos de las personas.
De acuerdo con el Índice de Precios de la Vivienda en México de la Sociedad Hipotecaria Federal (SHF), el valor de la vivienda económica social registró una apreciación del 10.9 por ciento durante el tercer trimestre del año, 0.6 por ciento más que a principio de año.
En tanto, el precio de la vivienda nueva aumentó 0.4 por ciento entre enero y septiembre. Estos incrementos parecen insignificantes, pero son constantes y cuando se comparan con el mismo periodo del año anterior la diferencia es de 8.6 por ciento, una situación que vuelve más difícil adquirir una casa en el país.
“Esto significa que la vivienda se sigue revalorizando a poco más del doble de la inflación, confirmando su papel como activo de refugio. Pero, generando al mismo tiempo una brecha de asequibilidad cada vez más amplia”, destacó José Reynoso González.
El precio promedio de venta de un hogar en México es de un millón 863 mil pesos, según datos de la SHF. Sin embargo, el aumento del precio de las viviendas no es homogéneo para las 32 entidades del país. Por ejemplo, el valor de una casa en Quintana Roo creció 14 por ciento.
José Reynoso González explica los beneficios de la vivienda social
Por ello, el especialista Reynoso González considera relevante apostar por la construcción y desarrollo de más inmuebles con carácter social, ya que es este sector de la población donde se concentra la mayor demanda de casas.
“Uno de los principales beneficios de la vivienda protegida es su precio asequible. Los gastos de compra o alquiler son significativamente menores que los del mercado privado, lo que permite a familias de bajos recursos acceder a un hogar sin comprometer otras necesidades básicas”, recalcó.
Sin embargo, no es el único beneficio. A diferencia del alquiler en el mercado privado, donde los precios pueden subir inesperadamente, la vivienda social brinda estabilidad a largo plazo.
También las viviendas sociales suelen construirse en zonas con acceso a transporte público, centros educativos, hospitales y comercios. Esto facilita la vida diaria de los residentes y evita el aislamiento.
Ante este escenario, el gobierno federal fijó como meta la construcción de 1.2 millones de casas nuevas para la población más vulnerable del país durante los siguiente seis años.
Pero hasta el informe más reciente del Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit) se tiene contratada la construcción de 250 mil viviendas, es decir, una quinta parte de la meta.
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