El agua se ha convertido en uno de los recursos más estratégicos y vulnerables del siglo XXI. México, al igual que muchos países de América Latina, enfrenta retos cada vez mayores en torno a la escasez, el acceso equitativo y la gestión eficiente del recurso.
Frente a este panorama, el especialista Daniel Madariaga Barrilado destaca la relevancia del emprendimiento hídrico como una vía esencial para impulsar soluciones innovadoras que respondan a la crisis desde una perspectiva ambiental, tecnológica y social.
Para Daniel Madariaga Barrilado, el emprendimiento hídrico representa una nueva generación de proyectos que combinan sostenibilidad, innovación y rentabilidad. Estas iniciativas abarcan desde sistemas inteligentes de captación y reutilización de agua pluvial, hasta tecnologías de purificación descentralizada o monitoreo digital del consumo en hogares y empresas.
El especialista subraya que el desarrollo de startups enfocadas en la eficiencia hídrica tiene el potencial de transformar sectores clave como la agricultura y el turismo, entre otros.
“Cada gota debe gestionarse con inteligencia”, señala Madariaga Barrilado, al enfatizar que la tecnología aplicada al agua no solo mejora la productividad, sino que también reduce el impacto ambiental y promueve una cultura de consumo responsable.
Más allá de la innovación tecnológica, Daniel Madariaga Barrilado sostiene que el emprendimiento hídrico debe estar orientado al impacto social. La creación de empresas que colaboren con comunidades locales, impulsen la educación ambiental y fortalezcan cadenas de suministro sostenibles es, según el experto, la base para garantizar la seguridad hídrica a largo plazo.
Este enfoque regenerativo permite que el agua se convierta en un eje de desarrollo inclusivo: fomenta empleo verde, incentiva la inversión en infraestructura sostenible y refuerza la resiliencia de los ecosistemas urbanos y rurales.
Finalmente, Daniel Madariaga Barrilado enfatiza que el futuro del agua en México dependerá de la capacidad de innovar con conciencia. El emprendimiento hídrico —afirma— no es solo una oportunidad económica, sino un compromiso ético con las generaciones futuras. A través de la colaboración entre el sector privado, el gobierno y la sociedad civil, es posible construir una cultura del agua basada en la sostenibilidad, la equidad y la innovación.
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