En los últimos tres años, Colima ha perdido un tercio de su superficie sembrada de coco debido a una plaga de escarabajos: el picudo negro. Este escarabajo, de unos 4 cm de largo y caparazón duro, ha puesto en jaque a más de 10 mil hectáreas de plantaciones, afectando gravemente la economía local.
Según datos de la Secretaría de Agricultura y del Sistema Producto Palma de Coco, la superficie cultivada pasó de 15 mil a solo 10 mil hectáreas. Aunque Colima aún ocupa el segundo lugar nacional en producción, con 658 millones de frutos anuales, la plaga ha provocado una merma del 40 % en la cosecha.
El coco es un cultivo de alto valor agregado. Se aprovecha en su totalidad: el agua se embotella, el aceite se usa en cosmética y medicina, las fibras se destinan a cultivos agrícolas, y el hueso se transforma en carbón activado. Además, se exporta a Estados Unidos y se comercializa en el norte del país, mientras que el aceite colimense llega a empresas jaboneras en Colombia y Centroamérica.
Actualmente, cerca de 3 mil productores dependen de esta actividad, que genera más de 110 millones de pesos anuales. Sin embargo, en municipios como Tecomán, Armería y Manzanillo, ya se reportan pérdidas de empleos en peladeros y centros de acopio por el desabasto del fruto.
Fernando Moret, representante de productores en Manzanillo, advierte que el picudo puede devastar hasta el 95 % de una plantación si no se controla. “Es un mayate que vuela y se posa en la copa de la palma. La va secando poco a poco, y cuando uno se da cuenta, ya es tarde”, explica Ezequiel García, productor de la comunidad El Charco.
Ante la emergencia, los productores se han organizado para combatir la plaga. Con apoyo del Comité Estatal de Sanidad Vegetal, colocarán trampas cada 100 metros en zonas estratégicas. Estas trampas, hechas con cubetas, agua jabonosa y plátano, buscan capturar al escarabajo antes de que cause más daño.
El médico José Ramón Cruz, jefe de Sanidad e Inocuidad Agroalimentaria, subraya que se trata de una plaga de importancia económica. Por ello, también se están aplicando acciones químicas y culturales, además de realizar un censo para cuantificar las pérdidas.
Los productores insisten en que la solución a largo plazo incluye replantar con variedades resistentes como el enano verde, que comienza a dar frutos en tres años, y reforzar las campañas sanitarias con apoyo estatal y federal.
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