La evolución de la producción de sal de Cuyutlán

Sal de Cuyutlán, una evolución
La evolución de la producción de sal de Cuyutlán

Durante la zafra, de marzo a junio, un promedio de 190 socios de la Sociedad Cooperativa de Salineros de Colima -surgida en 1925- han trabajado día y noche en Cuyutlán produciendo la que hoy es considerada el “oro blanco” de Colima: la Sal de Cuyutlán.

En esos meses, los trabajadores tienen que trasladarse a la Laguna de Cuyutlán diariamente, donde primero extraen el agua del subsuelo para llenar las bases llamadas Eras, que contiene un plástico negro, y esperan 15 días a que aumente a 20 grados la temperatura del agua. Y dos días después, se genera la sal.

De ahí comienza a piscarse y se junta en un terrero, donde se seca a bajas temperaturas para mantener sus propiedades. Después la levantan con una retroexcavadora a un camión de volteo de 10 toneladas de capacidad que la trasladará directamente al patio que está enfrente de las antiguas bodegas, ubicadas a un costado de la estación del tren.

La gente sabedora como Don Mario Jiménez Cárdenas y Julio Meza Sánchez, aseveran que al final del día, debido a su flujo constante, en el patio de sal se llegan a resguardar hasta más de 6 mil toneladas.

Proceso de extracción de Sal de Cuyutlán

El proceso antes de la tecnología

A lo largo del tiempo, la gente ha utilizado desde mulas hasta camiones de volteo para trasladar miles de toneladas del producto a bodegas y hoy a un patio en Cuyutlán, que a simple vista se podría comparar con una espectacular montaña cubierta de nieve.

Y así como el traslado ha cambiado, lo han hecho otras etapas del proceso de la elaboración.

Don Mario, de 72 años de edad y actual representante legal de la sociedad, explicó que antes les tocaba subir 30 escalones con dos garrafas de agua; y las Eras de sal se hacían con cal y arena.

“Las Eras eran de 6×6 metros y se hacían con una mezcla de cal y arena, por los llamados tendedores, se les echaba agua y duraban tres días para que se amacizara con el sol, porque la mezcla la poníamos blandita”, explicó.

A su papá, dijo, le tocó vivir en aquellos tiempos en que se echaba el agua a cántaros, se utilizaban bestias para subir el salitre al terrero, y se batía en un cajete para sacar la sal con rastrillo.

“A mí no me toco ver, pero si hoy los compañeros sacan hasta 400 toneladas, antes se producían hasta 70, pero todo era a pulmón”, comentó Mario.

Obtenida la sal, se cargaba a los camiones de 10 toneladas, pero “a pala, a puro pulmón”, contó Don Mario. Hoy es muy distinto, pues les ayuda una retroexcavadora para facilitar la carga.

“Era mucho más laborioso. Yo tenía un camioncito y se hacían hasta 6 viajes al día, y teníamos que subirla y bajarla a paladas. ¿Se imagina?”, platicó.

Además, con el uso del plástico vinieron cambios y comodidades que permitieron a los socios sacar la producción de sal sin la ayuda de un mozo. Hoy, una sola persona hace el trabajo que antes necesitaban hacer dos.

Una tarde como hoy

Cayendo el sol sobre la Laguna de Cuyutlán, encontramos a Salvador Vargas Lucatero, piscador desde hace 6 años, realizando su jornada laboral con sombrero de palma, camisa de manga larga y playera de fondo.

“Al día se piscan 20 Eras de sal de 8×8 metros, -los bordos son de 25×25 centímetros- después se vuelven a llenar de agua, y a los dos días nuevamente se vuelve a piscar la zona”, platicó Salvador, originario de Los Reyes.

Caída la tarde, sobre un escenario desértico porque la laguna está casi por secarse, el joven dijo que él trabaja a gusto, y que simplemente usa botas grandes de hule porque el agua con la que tiene contacto está caliente.

“Unos dicen que este trabajo sí los desgasta, pero todo depende de cómo trabajes, porque ahorita unos trabajan por la tarde y otros por la mañana”.

Su objetivo principal, desde las 4 de la tarde que llega a laborar, es barrer con un cepillo y amontonar la sal en cada era, cargarla a una carretilla y luego llevar el producto al “soleadero”, en donde éste se destila.

De ahí, el mineral es cargado por una retroexcavadora a los camiones de volteo que la trasladarán al patio de sal ubicado en el poblado, y posteriormente, queda a merced del proceso de empacamiento y distribución.

Entonces…ahí queda la gran montaña de sal, fruto de muchas generaciones, que al atardecer es tapada con una enorme lona por la unión implícita de los trabajadores como Don Julio, Rodolfo, Miguel, Alfredo Ezequiel, y el empuje y voluntad de los niños Xiomara, Angel, Manuel y Kevin, quienes bien podrían ser las posibles nuevas generaciones de productores de sal en Cuyutlán.

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