AMLO aún no reconoce a Biden aunque éste pide hablar

El presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, ha solicitado hablar con el presidente Andrés Manuel López Obrador, aunque no ha obtenido respuesta.

Las razones de AMLO se deben a que, sostiene, no pretende ser “intervencionista”; la ironía de tal postura tiene varios niveles, desde la imposibilidad de México de intervenir en elecciones estadounidenses hasta las declaraciones de los demócratas de que Rusia habría actuado en favor de Trump en las elecciones anteriores.

Biden ya ha hablado con los mandatarios de Canadá, Francia y del Reino Unido. La razón oportunista de López Obrador, por su parte, se enmarca en la postura tradicional de la diplomacia mexicana. Según Martha Bárcena Coqui, embajadora de México en Estados Unidos, “México considera que emitir comentarios o posiciones respecto a procesos internos puede ser considerado intervencionista”.

Se trata de una continuación de la Doctrina Estrada, creada por el diplomático Genaro Estrada en 1930 bajo el principio de la libre autodeterminación de los pueblos. En ese sentido, el gobierno nacional envió un documento a la embajada en Estados Unidos explicando por qué no pueden aún comunicarse con Biden. “El gobierno de México le instruye a esa representación comunicar que por estas consideraciones, de orden histórico y constitucional, México esperará la definición institucional del proceso electoral del país vecino para establecer comunicación entre nuestro jefe de Estado y su presidente electo. Lo anterior, sin demérito de las decisiones que otros países tomen con base en sus propias leyes y tradiciones diplomáticas”.

Sin embargo, la Doctrina Estrada servía para posicionar una postura favorable hacia gobiernos que emanaban de procesos populares y que no eran reconocidos en primera instancia por la comunidad internacional, como puede ser el caso de países como Palestina o la República Saharawi (el Sahara Occidental) que no son formalmente reconocidos por varios gobiernos —aunque en México sí se reconocen como Estados— o como fue el caso de Cuba luego de que la Revolución derrocara al dictador Batista.

La posición de AMLO, por un lado, responde no a la Doctrina Estrada, sino a darle cierto reconocimiento a Trump, ya que ha sido diligente en varias ocasiones con sus designios, como lo fue desplegar a la Guardia Nacional a cambio de que el magnate no impusiera aranceles a productos mexicanos, o como se vio recientemente cuando se reactivaron las industrias automotriz y maquilera en medio de la pandemia.

Por otro, la maniobra le permite ser “consecuente” con varios sectores de base y simpatizantes del Morena, en especial quienes lo han seguido desde su primera campaña por la presidencia en 2006. En medio de una marea de memes y chistes frente a las peroratas de Trump de rehusarse a reconocer su derrota, varios han comparado sus acusaciones de fraude con las que el tabasqueño hiciera en su momento contra Felipe Calderón.

En ese sentido, hay una similitud entre ambas situaciones, donde López Obrador pretende ser “cauteloso” y prefiere aguardar a que oficialmente terminen de contarse los votos y se declare a Biden como el ganador definitivo (aunque la realidad pone por delante la evidente victoria del ex-vicepresidente de Obama). Esto además le permite evitar críticas de una aparente incongruencia por parte de sectores de derecha.

En última instancia, el silencio de López Obrador en cierto modo le devuelve el favor a Trump y es, cuando mucho, un último acto de pleitesía antes de subordinarse ante el nuevo huésped de la Casa Blanca, quien tomará posesión en enero del año siguiente. Su ascenso no traerá ningún cambio sustancial para los trabajadores o la situación de subordinación de nuestro país con el gigante del norte; quizá no habrá amenazas aleatorias como con Trump, pero continuarán las deportaciones y la expoliación de los recursos, así como la intervención en países de Latinoamérica, Medio Oriente y el mundo.

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