Plantas de Termovalorización, una alternativa para América Latina

Como parte de una medida de acción global, diversos países han comenzado a implementar el esquema de Economía Circular que consiste en reducir el consumo de productos altamente contaminantes y priorizar la implementación de energías renovables, sin embargo, en ciudades de Francia, Japón, Alemania, Rusia, China e incluso Estados Unidos, se han colocado un paso adelante del resto del mundo en ese objetivo, a través de la utilización de Plantas de Termovalorización de basura.

Si bien es una tecnología que lleva más de dos décadas siendo estudiada y aplicada en ciudades que ahora son catalogadas como inteligentes, las plantas de Termovalorización o Waste to Energy (WTE) complementan a cabalidad el objetivo del reciclaje al cubrir el espectro de la basura inorgánica que a simple vista, ya no puede ser reutilizada.

A través de un proceso completamente químico, las plantas de Termovalorización logran transformar la basura inorgánica que ya no es posible reciclar en energía eléctrica. Para lograrlo, los residuos deben pasar por un proceso que aunque es altamente sofisticado, es favorable para el medio ambiente y consta únicamente de tres fases.

Durante la primera etapa, que es la de Abrasión, los residuos son carbonizados a 850ºC en un proceso que dura aproximadamente dos segundos. La siguiente etapa es la de la Conversión a electricidad, que se logra al pasar el vapor de agua por una turbina. Finalmente, la tercera etapa es la de la Distribución de energía con la que grandes urbes han conseguido disminuir sus costos de electricidad y proveer a redes enteras de transporte de la misma.

Sobre el proceso de termovalorización, diversos expertos destacan que tiene muchos más beneficios en comparación con la incineración, pues éste es un proceso de alimentación continúa de residuos inorgánicos con combustión controlada, que permite la recuperación de energía que es posible emplear para otras áreas y con un nivel de emisiones realmente bajo.

Otra de las ventajas que destacan es que hasta el día de hoy, no existe ningún estudio epidemiológico que relacione o compruebe los daños causados por una planta de Termovalorización a la salud, por el contrario, se sabe que una de estas plantas produce menos toxinas que vehículos de diésel, camionetas, locomotoras e incluso una parrilla que utiliza carbón.

Finalmente, hacen énfasis en que al permitir la operación de estas plantas en las grandes ciudades de América Latina, facilitaría el aprovechamiento del presupuesto destinado para el tratamiento de residuos con una tecnología que además de reciclar y generar nuevos recursos energéticos, contribuye a reducir las emisiones de CO2, que trae consigo beneficios para el medio ambiente y la salud de los habitantes.

“Dotar a las ciudades de autonomía en la gestión de sus residuos, es encaminarlas para que sean verdaderamente Ciudades Inteligentes. En México, hay ciudades donde a diario se producen alrededor de 12 mil 700 toneladas de residuos sólidos. Una planta de Termovalorización sería un gran alivio para contrarrestar las emisiones de CO2 y al mismo tiempo, proveería con el recurso de energía eléctrica que podría utilizarse para alimentar a redes de transporte o alumbrado público”, puntualizan.