Migrantes sin salida

El problema de migración en la frontera sur de México ha tenido poca atención por parte de las autoridades mexicanas. Este no es problema que sólo deba resolver el municipio de Tapachula sino el gobierno Federal.

El problema de migrantes en el sur de México siempre ha existido pero ahora el número se ha desbordado. “No es un problema municipal sino a nivel federal donde deben coadyuvar los tres niveles de gobierno”, comenta uno de los entrevistados a Reporte Índigo.

La ayuda de los centroamericanos que se quedaron varados en el sur de México es el de las monjas de la congregación Misioneras de Cristo Resucitado quienes van a dejarlos comida. La madre comenta que los centroamericanos no son cobijados por nadie incluso reciben ofensas.

Otro tipo de ayuda que reciben las centroamericanas es por parte de Antonio Armas Hernández, presidente de la Asociación Establecimientos de Entretenimiento de Tapachula (ASEET) que emplea a mujeres hondureñas, guatemaltecas y cubanas para que bailen en su cabaret El marinero.

El Marinero está registrado ante el gobierno local como una empresa empleadora para los migrantes, el dueño asegura que ayuda a sus trabajadores a conseguir documentos migratorios además de que no hay trata de personas y no se permite el trabajo sexual.

El estado de Chiapas ahora alberga a centroamericanos, cubanos y africanos que están en busca de nuevas oportunidades, ya que la violencia y pobreza que pernea en sus países, los ha expulsado.

“Lo que quiero es que me ayuden porque ya no soporto esta vida. A mi esposo lo mataron porque querían que nosotros vendiéramos droga”, cuenta una mujer hondureña después de vivir casi un mes con hambre y frío en el parque a Mariana Recamier de Reporte Índigo.

La mujer huyó de su hogar para evitar que la asesinarán, deja a su hija abandonada, quiere regresar por ella pero no le dan trabajo porque necesita cartas de recomendación. Le urge que le den su visa o permiso de trabajo, pero no le ha dado respuesta la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar).

Las personas locales generaron rechazo hacia los migrantes. Uno de ellos comenta que se debo a la segunda caravana que pasó haciendo fechorías, por eso entiende a la los mexicanos. 

Las historias de violencia y pobreza habitan en cada uno de los centroamericanos que se refugian en el parque mientras esperan que la situación cambie. Uno de ellos viajó solo con sus cuatro hijos menores, los pequeños están enfermos por dormir sobre cartones.

Una de las mujeres viajantes ha tenido suerte, por su habilidad de tejer trenzas ha podido rentar una casa, cuenta el reportaje de Recamier.

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