Armando Ríos Piter: Diez mandamientos para EPN

Diez mandamientos para EPN

Armando Ríos Piter

@RiosPiterJaguar

Ciudad de México, 25 Jul.- Desde hace un año Ambrosio Soto Duarte, alcalde de Pungarabato, pidió ayuda y protección al gobierno federal, al de EPN. Nos fallaron, de nuevo. Bocho está muerto. ¿También nos van a pedir perdón por esto?

¿En qué punto coinciden las propiedades bajo sospecha de los funcionarios y los asesinatos de la gente que quiere un país distinto? En la corrupción que permite que estas situaciones germinaran e hicieran metástasis.

La semana pasada, en la promulgación de la leyes del Sistema Nacional Anticorrupción (SNA), Enrique Peña Nieto pidió “perdón” a los mexicanos por el tema de la llamada Casa Blanca. Pero, al mismo tiempo, sostuvo que la adquisición de esta propiedad no fue violatoria de la ley. Sin embargo, en voz del Presidente, este asunto generó irritación en la ciudadanía y propició una mayor desconfianza en las instituciones.

¿De qué exactamente pidió perdón el Presidente de México? No está claro. En su fraseo hubo ambigüedad y sus palabras no van acompañadas de acciones que las respalden. Lo que sí quedó revelado es el rostro de un hombre que se siente culpable. Si Peña Nieto realmente quiere disminuir la indignación provocada por este asunto y restituir la confianza de la gente, debe acompañar su solicitud de perdón con acciones como las contenidas en el decálogo siguiente:

1. La PGR, de la mano del Congreso, debe designar una nueva instancia neutral que revise e investigue ampliamente el caso y brinde nuevas conclusiones a la ciudadanía sobre el conflicto de interés entre Grupo Higa, la Casa Blanca y Enrique Peña Nieto. 2. Hay que dar la más amplia difusión y transparencia sobre cada paso del nuevo proceso de investigación que se inicie. 3. Se debe garantizar la libertad de prensa. Es necesario investigar y, en su caso, detener el hostigamiento judicial que ha denunciado la periodista Carmen Aristegui y por la investigación que ella y su equipo realizaron sobre el tema. 4. Se tiene que asegurar la absoluta autonomía e independencia de los fiscales que ocuparán la Fiscalía Especializada para el Combate a la Corrupción, en el interior de la PGR. 5. El perfil del nuevo secretario de la Función Pública tiene que ser garantía de imparcialidad e independencia en sus funciones, sin lugar a ninguna duda.

6. Es necesario someter, nuevamente, a votación del Congreso, con el apoyo de la bancada del partido en el poder, el PRI, el artículo 29 de la Ley 3de3, sobre la publicidad de las declaraciones patrimonial, fiscal y de intereses, demostrando así respaldo a esta exigencia ciudadana. 7. Una vez aprobado esto, todos los servidores públicos, empezando por el Presidente y su gabinete, estaremos obligados, por ley, a publicar nuestra declaración 3de3, a detalle, en plataformas públicas y oficiales. 8. Garantizar un procedimiento transparente y neutral en la selección de los nuevos magistrados del TEPJF. 9. Plantear acciones inmediatas para elegir a consejeros autónomos para el Comité de Participación Ciudadana del SNA. 10. Impulsar el retiro del fuero federal de todos los servidores públicos del país, sin excepción. La igualdad absoluta ante la ley, no puede esperar más. Las acciones contenidas en este decálogo darían vida a un compromiso genuino, por parte del Presidente de la República, para dar significado y credibilidad a sus palabras, así como para comenzar a disipar el olor a corrupción que ha impregnado a su administración.

Adicionalmente, todo esto demostraría un cambio de rumbo de 180 grados, que iría mucho más allá del solo hecho de poner en marcha un sistema nacional contra la corrupción. Recordemos que la mera publicación de una ley, en nada altera la realidad; sólo los cambios de comportamiento lo hacen.

A las palabras se las lleva el viento. Si Peña Nieto no demuestra estatura política para asumir planteamientos como los anteriores, entonces, difícilmente será merecedor del perdón de las y los mexicanos, y seguiremos viviendo, durante el último tercio de este sexenio, en una zona bastante gris, tan gris como el 19% de aprobación que hoy tiene nuestro Presidente. Pero quedan dos años todavía. Tiempo suficiente para tomar decisiones sin precedente, históricas, que marquen la entrada a un destino distinto para una Presidencia y un país.

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